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HOLA! Después de varios meses puedo volver a sentarme frente al ordenador. Lo cierto es que mi vida es un caos pero por fin puedo sacar tiempo y ponernos un poco al día. Como sabéis Mateo llegó este verano después de meses de espera y muchos síntomas de embarazo (no me dejé ninguno, que barbaridad), así que tanto su papi como yo todavía estamos adaptándonos a su ritmo, conociéndolo y viéndolo crecer muy sano.

No vengo a contaros mi parto ni mi postparto ni todos esos rollos de la maternidad (o por lo menos para mí), pero si vengo a hacer una especie de resumen de todo lo que he aprendido en estos meses, y que creo que es lo que realmente me llevo de toda esta experiencia, además de mi hijo. Mi hijo, no me lo creo aún…

Las últimas semanas de gestación fueron duras sobre todo a nivel físico, y por una infección que me hizo pasarlo realmente mal. Pasaba la mayor parte del tiempo tumbada, y combatiendo mis sofocos de calor bajo el aire acondicionado, así que tuve tiempo de leer, de pensar y valorar todo lo que estábamos viviendo y sobre todo yo y mis hormonas. Necesitaba muchísimo tener información de cada paso que dábamos, de cómo me iba sintiendo y de todo lo que vendría.
Me apunté a yoga, continué con una buena alimentación y caminaba siempre que podía. Aprendí que la PACIENCIA no es la capacidad de esperar, sino cómo te comportas mientras esperas…y así estuve 41 semanas, intentando llevarlo lo mejor posible. No me lo puedo creer todavía.
Si miro hacia atrás, desde hace casi 3 años ya, cuando decidimos buscar un bebé tuve que empezar a trabajar en esto, aprender a esperar, a que las cosas no son cuando yo quiera y en el momento que yo quiera. Mateo ya sabía que tenía que llegar en el 2018 y no antes, supongo que no estábamos preparados tampoco…quien sabe.

Nuestro hijo llegó el 2 de julio, un lunes a las 05:55 de la mañana. Para mi, no hay día mejor. Y estoy segura que esto tiene algún significado que algún día descifraré. El lunes es el primer día de la semana, mi favorito y en el que siempre me levanto llena de energía. Brutal.
Energía, eso que el embarazo me quitó y ese lunes de julio recuperé. He vuelto a ser la que era, y menos mal! Vuelvo a ser un cerebro que no para, llena de ganas y con un nervio interno que me mantiene como una moto todo el día y ahora casi toda la noche. Este era uno de mis grandes miedos, no llegar a todo y sentirme realmente débil y machacada para dedicarme a mi bebe, pero como me decían, no ha sido así. Paciencia…y es verdad.

Lo urgente nunca deja tiempo para lo importante. Sus momentos de biberón, la ducha, el pañal, sus risas, la siesta…ahora esto es lo importante y todo puede esperar. Mateo ha venido a cambiarme el ritmo, a darnos dos cachetadas y quitarnos el estrés de cosas urgentes y priorizar lo realmente importante. Él. Ahora ya no hay horarios, están los suyos y nosotros nos adaptamos. Ahora, nos vuelven locos otras cosas y todo tiene que ver con él. Hay días que nos miro y no me puedo creer que hayamos cambiado tanto en solo 2 meses. Y que seamos tan felices, también.

Mateo es un regalo, ha venido a completarnos el alma y a echar el freno a este coche todo terreno que habíamos creado Bizcochito y yo. Lo hemos cambiado por uno mejor, que dura muchos años y de calidad.
Están siendo los mejores días de nuestra vida, convertirte en mamá es durísimo y maravilloso. Y aunque hay días que pienso que estoy loca, quiero repetir y repetir y repetir. Pronto.

Por otro lado, supongo que os preguntaréis cómo vamos a hacer para seguir con el ritmo del blog, fotos y redes sociales. Tranquilas, yo también me lo pregunto y no tengo respuesta. Lo que tengo claro es que tenemos que sacar tiempo de donde sea y supongo que Mateo vendrá con nosotros a todas las sesiones. 😉

GRACIAS POR LEERME! 😉

 

 

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